Reminscencias del abuelo

Todo lo anterior, es mejor. Frase que emana del discuso de nuestros viejos. “No me compares a J.J. con Riquelme”. “Ahora no hay futbol como antes”, escuchamos decir en un cafetín del humilde pero histórico barrio de Boedo. “Los pendejos no respetan nada”, le dice don Ernesto al encargado de su edificio, un jueves a las 9:00 hs., con sus zapatos de cuero comprados en Avenida Corrientes al 1200 y pico, y con su pantalón pinzado color celeste oscuro, confeccionado por un sastre de los `50, y con una camisa sobre la musculosa blanca, con olor a naftalina. El encargado mira sorprendido, pero entiende su mensaje, pues solo está cargado de puras verdades. “Y sí…”, responde el encargado ante compendiosa frase.

Los jóvenes no respetan porque no se les enseñó qué es el respeto. Cualquier ser humano es como una PC: se la programa para que haga tareas. Solo que a diferencia de las PC, tenemos un tiempo corto para ser programados en lo concerniente al respeto. No podemos aprender lo que es el respeto cuando somos grandecitos. No podemos condenar a una persona porque no recibió instrucciones para conducirce correctamente. Pero bueno, vamos por Paseo Colón y no paramos de putear a gente que tira basura al piso como si la fuerza gravitatoria fuera la responsable de todo, como si el piso fuera un imán de la basura. Tiramos la basura al piso porque hay alguien que la levanta.
Me enseñaron que existen los tachos. “Comen tu basura”, decía mi abuela. “Dale de comer como cuando le das maiz a los elefantes en el Zoo”, comentaba.  Y así comprendí que los tachos son como personas hambrientas, con estómagos vacíos, que esperan que nos solidaricemos y les demos nuestra basura, porque nosotros no la necesitamos y los tachos sí.

Así, cansados de ver jóvenes por la calle echando basura al piso, nos deprimimos cada vez más al ver que no son solo ellos, sino que personas mayores también nos faltan el respeto arrojando residuos al piso. No es que hay dos sociedades diferentes y separadas, la de jóvenes, con costumbres modernas, y  la conservadora sociedad anciana. Nosotros heredamos costumbres de los viejos, filtramos lo obsoleto y nos quedamos con lo que sirve. Pero también hay que responsabilizar a los programadores, porque como máquinas, solo respondemos a lo que nos dicen cuando nos programan.

En fin, lo importante nos es juzgar al otro ni dejarse influenciar por don Ernesto: Hay que jugar al ciudadano sin prejucios. Juguemos limpio.

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~ por alfredodanielsanchez en enero 13, 2009.

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