Queda de império?

•mayo 5, 2011 • Dejar un comentario

A los equipos brasileños les está costando mucho llegar a las instancias decisivas en la Copa Libertadores. En la última edición Internacional se llevó el preciado trofeo a Puerto Alegre gracias a una brillante actuación de Andrés D`alessandro y una efectiva labor del mediocampista Guiñazú. Hoy, contando con la presencia de Mario Bolatti y Cavenaghi no han podido doblegar al resucitado Peñarol, quien desde hace muchos años no se da el lujo de llegar a cuartos de final. Lo propio hicieron Libertad de Paraguay, la U Católica y Once Caldas.

¿Qué pasa con los equipos brasileños entonces? Sucede que cuando juegan de locales sienten la pressão de su público, no saben cómo solucionar el problema de jogo bonito porque realmente no lo tienen. El público brasileño es muy exigente, y motivos no les falta.

Hoy el fútbol está más emparejado pero para abajo. Nueves como Funes Mori o como Viatri jamas hubieran jugado antes en River ni Boca. La decadencia que vemos hoy en el fútbol se ve reflejada en dos aristas diferentes. La primera es que simplemente los mejores jugadores latinoamericanos no juegan en sus ligas, sino que se ven seducidos por las grandes sumas impartidas por los clubes europeos. Grandes contratos que a la mayoría los saca del pozo económico en el que se encontraron toda su vida. Vale más un buen contrato que la gloria. Cuando eso pasa, la calidad de la disciplina está tirada por la borda. Se ve claramente, y sin desmerecer, que el futbol latinoamericano está en picada cuando vemos a equipos de la talla de Boca o River, a San Pablo o a Independiente en la situación en la que se encuentran y ver que Once Caldas o Libertad están en los cuartos de final. La otra arista es que la televisión hace sus negocios en torno a este deporte. Eso hace que las grandes marcas decidan quién será el próximo campeón en función de los arreglos con los clubes.

Volviendo al futbol brasileño, creo que hoy por hoy, lo mejor que tienen se encuentra en las tribunas.

Expresión de libertad

•abril 30, 2011 • Dejar un comentario

¿Cuál es el sentido retórico que está oculto en el discurso de algunos sectores cuando dicen que no hay libertad de expresión? En mi opinión no tenemos ninguna censura, ningún impedimento de decir lo que nos de la gana cuando y donde sea. Argentina es un país dividido, lleno de parciales posturas y opiniones. Una de ellas es la famosa “nosotros miramos a Europa”. Pero, ¿qué quiere decir “mirar a Europa”?

Es bien sabido que nuestros abuelos, en su mayoría, eran europeos inmigrantes, víctimas del mayor defecto de la raza humana: la guerra y la desigualdad. Cuando arribaron a tierras sudamericanas fueron tratados como lo que eran: extranjeros y pobres. Con todo lo que ello significa, pudieron asentarse y pudieron también conformar diversas comunidades a lo largo y a lo ancho de la región. No me gustaría decir que fue una segunda colonización pero esta vez pasiva y no activa como las de antaño, saqueando tierras a los nativos y esclavizándolos o matándolos. Esta vez fue diferente. Llegaron y, como dije antes, remaron contra viento y marea para buscar un lugar en estas tierras.

Como todo ser humano, sus objetivos eran muy claros: trabajar, formar familia y tener un hogar donde vivir. También querían, como todo padre que tuvo una vida dura, que sus hijos sean “doctores”. A base de duro trabajo y de esfuerzos inconmensurables,  sus hijos llegaron a la tan anhelada universidad a estudiar alguna carrera que los haga ascender en la escala social, que los distinga por sus logros intelectuales, logros que diferían de los conseguidos por su generación predecesora. Esta nueva generación de profesionales nuevos, que ya no se conformaban con el almacén de la familia iban por más. Con el estandarte “hay que trabajar duro en la vida y superarse todo el tiempo” lograron conformar una clase nueva, una clase que hija de inmigrantes, pero europeos. Ellos argentinos, pero de raíces europeas, eran los “únicos” capaces de generar algo diferente a lo que había.

El odio al “cabecita negra” existió siempre, y esta generación no fue la excepción en adquirir el hábito discriminador. Como buenos hijos de europeos, trataban a los nativos como la resaca social. Hoy en día sigue pasando y continuará pasando porque es la esencia misma de este país.

Si la clase media reclama porque hubo algún conflicto bancario, entonces el reclamo es justo y “hay que acompañarlos” en la causa. Que los medios de comunicación cubran la noticia y le agreguen ese condimento de opinión para mostrar que su reclamo es justo, está bien! Ahora, si un grupo de personas, y cuya historia fue su principal enemiga toda la vida, cortan una avenida pidiendo con legitimidad tierras que les fueron saqueadas, y con el saldo de un humano, eso sí está mal. Los medios dicen: “las tierras les fueron expropiadas”. Claro, expropiar es según RAE: privar a una persona de la titularidad de un bien o de un derecho, dándole a cambio una indemnización. A los aborígenes jamás les expropiaron tierras. A menos que los “expropiadores” consideren que la tortura sea una indemnización.

Todo esto, claro, fue apañado por la clase mencionada anteriormente. La puta clase que apoya al salame que fue “honorable” Presidente de C.A.B.J. La puta clase que nada entiende de cuestiones sociales. La puta clase que es capaz de dejar todo y absolutamente todo en manos de los europeos (o bien de los norteamericanos en el peor de los casos) con tal de que “lo nacional” quede a un lado. Ellos son los cooptados por discursos paternales incompatibles con los intereses de nuestra tierra. Intereses nacionales que siempre se han visto avasallados por este tipo de pensamiento. Para que nosotros sigamos siendo colonia de Europa, es necesario que haya alguien de este país que los apoye. Quién más que la puta clase. Todavía no se ha comprendido que los intereses a los que hay que responder son los de Argentina, y no a los de Europa.

¿Por qué hay que alarmarse si a USA no le gusta alguna decisión estratégica que tome nuestro gobierno?

Claro, que no se enoje el jefe!

Hoy tenemos una conducción nacional que reivindica ese ser nacional que se perdió, o mejor dicho que nos quitaron. Hay quienes dicen que está mal, que nos aislamos del mundo, y que estamos en decadencia. Hay también quienes dicen que no hay libertad de expresión. Esto mismo lo dicen en el programa Almorzando con Mirtha Legrand. En un país censurado y con la libertad de expresión nula, eso no pasaría. No hay nadie reprimido por no poder hablar, no hay muertos por pensar diferente, no hay nadie que pueda decir que no pudo hablar porque pensaba diferente. La Ley de medios audiovisuales es la prueba más que científica de que la libertad de expresión llega, también, al que siempre estuvo callado, al que nunca tuvo la oportunidad de hablar. Ahora todos tenemos los “medios” para hacerlo.

Aquellos europeizados pueden tomar un avión e irse a Europa si creen que van a estar mejor. Pueden repetir la vida de sus padres, siendo inmigrantes discriminados. Ojo! Allá no se van a poder comprar una casa. Allá, van a trabajar duro, van a hacer lo que los verdaderos europeos no quieren hacer. Pueden irse y ser europeos, o pueden quedarse y al menos jugar a ser argentinos, pues es los siempre fueron, pero jugaron toda la vida a no serlo.

La mafia del Soprano

•septiembre 23, 2009 • Dejar un comentario

Dandome la cabeza contra la pared descubro que está detrás mío, en butacas sordomudas. Es Tony. Las gradas tiemblan cada vez que levanta su cilíndrico brazo para realizar algunas de sus más imprudentes preguntas acerca de la naturaleza. No lo conozco, pero sé que es él. Envuelto de la más fina ropa italiana, camina por los pasillos haciendo suyo cada camino. Camino que recorre sin miedo alguno, pues él es Tony. Seguro que piensa lo que yo no. Trata de seducirme con su mirada de Tony, pero envidia mi resistencia. Ambos sabemos que no cabemos en la misma caja. Caja que ya apesta debido a la competencia que se engedra por nuestras presencias. No sabemos bien cuál es la causa. Es una cuestión de territorio; Tony lo sabe bien. Necesitamos ayudarnos para ayudarlos, aunque sea él quien quiera recibir mi ayuda.

Ahora la parded mea al perro

•enero 14, 2009 • 2 comentarios

albert-einsteinSigo sin comprender el meollo medio oriental. Sin saber cómo proseguirá esto, me atrevo a concluir que hay incoherencia en los actos de A, aunque no apaño los actos de B. A es un pueblo muy antiguo, y probablemente la mayoría de nosotros proviene de ese pueblo. Perseguidos desde que el mundo es mundo, un día dijeron: ¡Basta!
Recuerdo que un chico de una escuela secundaria era molestado por sus compañeros por ser ñoño. Lo que no tuvieron en cuenta sus compañeros es que ese ñoño no solo se hizo amigo del más fuerte, sino que al día siguiente su amigo fuerte mando a linchar a los molestos compañeros. Así, el ñoño se hizo respetar, pero como era ñoño y nunca molestaba a nadie, le quedó mal el papel de patotero y de esta manera su imagen no cambió, sus intereses no cambiaron.
Sigo con el relato. El pueblo A ahora tiene un amigo fuerte; todos sabemos quién es su amigo fuerte. Le gustan las hamburguesas como a todos nosotros, sobre todo la CAMGIB. Pero se esconde, se hace el distraído cuando A se porta mal. Ahora bien, dijimos que A fue perseguido desde que el mundo es mundo. Si no me falla la memoria, hasta no hace mucho exigían el cumplimiento de los Derechos Humanos en favor suyo: la sociedad respondió a sus peticiones. Cuando se realizó el Juicio de “Nürteburger” (traducción cortesía de San Cristóbal Traducciones), el mundo aplaudió.

Por otro lado, es bien sabido que al pueblo B nunca lo condecorarán por su conducta pacifista. Todos sabemos que el pueblo de “Plastilina” (traducción cortesía de San Cristóbal Traducciones) juega al terrorismo. Pero tengamos cuidado a la hora de decir terrorismo, porque hay muchas definiciones, y no utilizo en este caso la que comúnmente se USA. En fin, si a alguien le gusta jugar a la guerrilla en su casa, está bien, no me voy a meter.

No apoyo a nadie, pero me extraña que el pueblo A tome este tipo de medidas. Esto me recuerda a una frase estúpida pero que esta cargada de verdad histórica: Si Alemania está bien, salen los Beethoven o los Einstein; si está mal, sale Hitler. Lo mismo con A. Podemos citar a Freud, Marx u otros. Todos los mencionados fueron pacifistas. Pero volviendo al tema, cuando A le pidió al mundo comprensión, el mundo estuvo y los apoyó. Ahora, el mundo le pide a A que baje la guardia porque está equivocándose, comete los errores que sobre él se cometió. No entiendo.
Están las personas que son discriminadas por ser diferentes y tal vez los integrantes de A se sientan identificados con dichas personas. No sé, pero también creo que hay todavía personas que creen que el personaje que está abajo no terminó su trabajo. Me parece terrible que existan estas personas, pero las hay.

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Reminscencias del abuelo

•enero 13, 2009 • Dejar un comentario

Todo lo anterior, es mejor. Frase que emana del discuso de nuestros viejos. “No me compares a J.J. con Riquelme”. “Ahora no hay futbol como antes”, escuchamos decir en un cafetín del humilde pero histórico barrio de Boedo. “Los pendejos no respetan nada”, le dice don Ernesto al encargado de su edificio, un jueves a las 9:00 hs., con sus zapatos de cuero comprados en Avenida Corrientes al 1200 y pico, y con su pantalón pinzado color celeste oscuro, confeccionado por un sastre de los `50, y con una camisa sobre la musculosa blanca, con olor a naftalina. El encargado mira sorprendido, pero entiende su mensaje, pues solo está cargado de puras verdades. “Y sí…”, responde el encargado ante compendiosa frase.

Los jóvenes no respetan porque no se les enseñó qué es el respeto. Cualquier ser humano es como una PC: se la programa para que haga tareas. Solo que a diferencia de las PC, tenemos un tiempo corto para ser programados en lo concerniente al respeto. No podemos aprender lo que es el respeto cuando somos grandecitos. No podemos condenar a una persona porque no recibió instrucciones para conducirce correctamente. Pero bueno, vamos por Paseo Colón y no paramos de putear a gente que tira basura al piso como si la fuerza gravitatoria fuera la responsable de todo, como si el piso fuera un imán de la basura. Tiramos la basura al piso porque hay alguien que la levanta.
Me enseñaron que existen los tachos. “Comen tu basura”, decía mi abuela. “Dale de comer como cuando le das maiz a los elefantes en el Zoo”, comentaba.  Y así comprendí que los tachos son como personas hambrientas, con estómagos vacíos, que esperan que nos solidaricemos y les demos nuestra basura, porque nosotros no la necesitamos y los tachos sí.

Así, cansados de ver jóvenes por la calle echando basura al piso, nos deprimimos cada vez más al ver que no son solo ellos, sino que personas mayores también nos faltan el respeto arrojando residuos al piso. No es que hay dos sociedades diferentes y separadas, la de jóvenes, con costumbres modernas, y  la conservadora sociedad anciana. Nosotros heredamos costumbres de los viejos, filtramos lo obsoleto y nos quedamos con lo que sirve. Pero también hay que responsabilizar a los programadores, porque como máquinas, solo respondemos a lo que nos dicen cuando nos programan.

En fin, lo importante nos es juzgar al otro ni dejarse influenciar por don Ernesto: Hay que jugar al ciudadano sin prejucios. Juguemos limpio.

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Que no panda el cúnico

•enero 10, 2009 • 2 comentarios

En un eminente crescendo, el motor de nuestros cuerpos aumenta la frecuencia de sus latidos. No encuentra salida, necesita moverse de un lado a otro. PAM PUM!!! Avisa mediante un fervoroso sudor, caliente, omnipresente. El motor necesita salir, son cada vez más fuertes sus enojos. Los ajetreados pensamientos se confunden en una nebulosa de miedo, apocalípticamente eficaz, avasallante como nada ni nadie. “Necesito dormir y no puedo”. Como si fuera poco, una leve tormenta de confusión se entromete en mi moral, que carcome mi vida. La parca advierte, pero falsamente. Situado en la popa de un barco que amenaza con náuseas, pero que son ficticias, la cólera envuelve todo.
Sin saber qué hacer, todo el cuerpo se queda estático, invariante, esperando que se consuma el pánico.muerte

Libertad de expresión

•enero 9, 2009 • 3 comentarios

Es imposible no sentirse exasperado cuando una persona nos calla o nos corta la palabra. Al “Shhh! callate” le subsigue el famoso “¡callate vos!”, o frases similares. Por supuesto ¿Con qué derecho nos callan?

“¿Quién sos vos para decirme lo que tengo que decir o que me calle?” Son respuestas que surgen en forma automática a cierto tipo de personas cuyo carácter les obliga a resignar autoridades no establecidas, abandonando el espontáneo sometimiento de la palabra del uno hacia el otro. Esto está muy bien. La libertad de expresión, incluso, es un derecho constitucional adquirido, y saborearlo implica uno de los triunfos del ser humano en su eterna lucha de clases.

Pero me pregunto si la libertad de expresión tiene sus límites. Manifestarse está muy bien. Expresar lo que uno siente es sublime, más si es escuchado. Ahora bien, muchas veces nos irritamos al escuchar declaraciones ajenas, de personas que previamente no nos caían bien, aunque no por eso vamos a declararle la guerra a esa persona, a menos que esté a favor del holocausto o que en tierras argentinas predique que las Malvinas son inglesas, o que crea que Pappo fue un buen músico. A pesar de todo esto, no vamos intentar bloquear su discurso: solo trataremos, a lo sumo, de persuadirlo para que piense como nosotros queremos, y que sus argumentos sean coherentes con los nuestros.

Lo que no me queda claro (y desde hace mucho reflexiono acerca de esto), es que la TV nos muestra cada vez más la verdadera cara del ser humano, lo peor de nosotros, y sin límites. “Porque Crónica muestra fiambres, se le permite a Tinelli mostrar jamones”. Sí, todo se permite, porque si no fuera así, dicha acción no se condiría con la libertad de expresión. Es decir parece que, al menos en la TV, no hay límites sobre esta cuestión.

Imagino un mundo donde la libertad de expresión sea amiga incondicional de la anarquía. Pero dicho mundo necesitaría humanos especiales; no me atrevo a decir utópicos. En fin. La realidad es que sin responsabilidad, creo, un pueblo no “merece” libertad de expresión, pues parecería que dicha virtud va en contra de sus propios intereses.

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